3 nov. 2009

La cultura en Tabasco

II

LA MÚSICA Y LOS MÚSICOS


Tres nombres se vinculan a la música, si bien en registros y tonos bastante diferentes. Esperanza Iris (1889 - 1962) cantó por primera vez en el teatro García de San Juan Bautista (Villahermosa) y luego en una compañía infantil que se presentaba en el teatro Arbeu de la ciudad de México. En 1917 inauguró allí su propio teatro. Fue considerada una de las grandes intérpretes de la opereta y su voz excepcional la llevó a los mejores escenarios de Europa y Latinoamérica. El teatro de Villahermosa, recién construido, lleva su nombre.


Cecilio Cupido fue un conocido guitarrista y compositor que allá por los años veinte regaló a sus coterráneos más de 600 canciones, algunas tan populares como "Las blancas mariposas". La letra de esta canción corresponde a otro famoso compositor tabasqueño: José Claro García.


Manuel L. Arrazola Hernández conocido como "El choco tabasqueño" nació en 1909, vivió la Revolución siguiendo a las tropas en el oficio de aguador y luego recorrió mundo, como marinero. Desde 1949 se volvió el más característico representante de la música popular tabasqueña, que cantaba vestido siempre con el atuendo propio de los indígenas de La Chontalpa. Compuso muchísimas canciones sobre el paisaje de la tierra como: "Luna de Tabasco", "Teapa la bella" y "Serenata tabasqueña".


Manuel Pérez Merino es autor de bellas y románticas canciones dedicadas a Tabasco, como: "Luna sobre el Grijalva" y "Villahermosa" que siguen siendo muy escuchadas. Pepe del Rivero es autor de la alegre y popular melodía "Vamos a Tabasco".


Otros conocidos autores son Quico Quevedo, poeta y compositor de Cunduacán; Pedro Gutiérrez Cortez, autor de "Santanera" y Limbano Blandín, compositor de la "Caña Brava".


El baile tabasqueño por excelencia, es el zapateo, que los conocedores remontan al fandango español y a aquellas seguidillas andaluzas que empezó a tocar en nuestras tierras un animoso soldado de apellido Ortiz, que venía con Cortés. Los primeros zapateos se tocaban, durante los años de la Colonia, por pequeñas orquestas de clarinete, pistón, redoblante, helicón y bombo. Luego surgió un poeta popular, Manuel Burelo, hijo de esclavos negros que empezó a ponerle letra a aquellos ritmos ya por entonces muy arraigados.


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